jueves, 3 de noviembre de 2011

Sobre decir verdad, o de la sinceridad


Sinceramente creo que la mentira es el peor de los pecados, a ella debemos sino todos los males sociales que padecemos, si los más nefastos. Me siento como el Beppo el Barrendero de la novela MOMO. Mintiendo se invadió Irak por ejemplo, entre otros millones de cosas.

Una vez volviendo de ibiza en avión, me ocurrió que por megafonía dijeron que los aparatos electrónicos deberían de ser desconectados en las maniobras de despegue/aterrizaje. Cuando terminó de despegar el avión cogí y me endosé mi Mp3, a eso que al rato se me acerca la azafata de vuelo y me dice que debo quitármelo, le comento lo de megafonía, y salta la zeñora que llevo a mi lado y dice, “yo lo he visto pero no he dicho nada porque no creí que fuese capaz de hacerlo, que el mismo se lo acabaría quitando”. O algo así. En esto la azafata ya se había marchado, vuelvo decirle lo de la megafonía y me dice “yo llevo muchos vuelos como para no saber lo que dice la megafonía”, digo, “de verdad ha dicho eso” y salta y me dice, “¡Ay! Mentirosillo, eres un mentirosillo, te va a crecer la nariz como a Pinocho”, con ese tono pedante que sólo las zeñoras saben poner.

¿Qué necesidad de mentir tengo yo? ¿Qué ganaba? Y lo que es más importante ¿Para qué? Puede que un condenado a muerte mienta sobre su participación en cierto delito, ahí es comprensible, pero yo, un tipo sin problemas... no lo entiendo. Además cuando miento tengo que soportar la compañía de un tipo llamado Remordimiento y sinceramente, no me llevo muy bien con este individuo. Se me hace muy pesado, tanto o más que un primo mío que, de vez en cuando, se presenta de improviso en mi casa y acaba con toda la provisión de alimentos de que dispongo. En serio…

Corría febrero

Deambulaba a gatas el pequeño febrero. Un miércoles como cualquier otro en un dormitorio de Los Rosales, sonaba la alarma de un destartalado despertador para comunicarle a Antonio, su dueño, que había llegado la hora de levantarse. Eran las siete menos cuarto de la mañana. – Otro día más por delante… – murmuró. Antonio era un chico de veinte años de pelo castaño desaliñado y piel oscura, mal dado a los estudios, y de ese desamor hacia los libros nació su ocupación, trabajaba de jornalero, o como se dice en los pueblos, en el campo. Desde su posición podía escuchar el repiquetear de las gotas de agua en el cristal empañado de la ventana. Con un gesto apagado se quitó la manta de encima y apartó la cortina para comprobar como andaba el cielo. Cerrado y sin ganas de lucir al sol aquel día. Volvió a cubrirse del manto grueso que formaban la sábana, mantas y edredón, y cerró los ojos. Cuando los abrió pudo ver en el reloj de su mesita que había dormido tres horas más. No había nadie en casa aun, se levantó, fue al servicio, desayunó, sacó su videoconsola y se dedicó a buscarle a la mañana un objetivo en aquella fase del juego.

A la una y medía con los zapatos llenos de barro y metiendo éste en la casa llegó su madre, a la que saludó con una seña de la cabeza y le comentó con la atención en la pantalla, el día que hacía, por el cual no había podido ir al tajo. Al terminar de hablar Antonio miró hacia ella, pero ya no estaba allí, en su lugar, un vacío incómodo. Ésta dejó en la cocina los recados, puso un potaje de garbanzos, ordenó el lavavajillas y fue al cuarto de Antonio a hacerle la cama.

El hermano de Antonio, José, regresó a casa del instituto de formación profesional a las dos y cuarto, su padre una hora después. En ese momento se pusieron a comer. Todos miraban al plato cuando cogían la cucharada y al televisor cuando masticaban. Ni un gesto, ni un comentario fuera del ñam ñam mecánico y particular de cada uno. Al terminar el padre se quedó grogui en el sofá, la madre quito la mesa, puso el lavavajillas y se tomó un café en la cocina viendo la sobremesa televisiva. Al programa que estaba viendo acudían ancianos y otras personas de mediana edad en busca de compañía, ella se lamentaba de la situación de aquellas gentes. Mientras, en la salita, José puso la videoconsola, que le esperaba en la esquina del mueble del televisor con el mando a la derecha, como si fuese un bolso de flexible charol, parecía que le susurraba – ¿quieres pasar un buen rato chico? - como no…- consintió, hablándole al aire sin saber muy bien porque pronunciaba aquellas palabras, y Antonio se fue al cuarto a conectarse a Internet, para hablar con sus colegas.

Manolo era uno de ellos, tenía veinte años al igual que él, habían estado en la escuela juntos desde la infancia. Era alto, delgado, castaño de pelo y estudiante de camarero en Sevilla, y se ganaba un alivio económico echando horas extra en un restaurante de la capital. Juan, su otro amigo, sin embargo era un chico que repitió curso en tercero y nunca más lo tuvieron como compañero, estaba en la facultad, cursaba segundo de antropología, ironías de la vida… Aun así curraba en verano en lo que fuese para poder pagarse el curso ya que los sueldos apretados de sus padres no daban para mucho. Poseía un cabello rubio y rizado en un bucle sin fin, y una constitución fuerte que hacían de él un chico atractivo. Quedó con ellos dos a las seis donde siempre, en el bar Luís.

Hasta entonces Antonio vio desfilar a paso marcial los minutos delante de sí en la pantalla sin saber muy bien que hacer, hablaba con alguna chica sine non corpore en el Chat, saludaba a alguien con un pequeño monigote que agitaba en sus brazos un cartel en el que se podía leer, si las letras psicodélicas lo permitían “HOLA”, o miraba alguna página de juegos de ella, su consola. Así estuvo hasta que se vistió, cogió la cartera en imitación piel que le había regalado su antigua novia, donde guardaba su identificación y su sustento y se encaminó al bar-cafetería, sin paraguas pues había escampado.

- ¡Amo…! ¿Qué pasa? – Soltó mientras se dirigía a la mesa que ocupaban Juan y Manolo, en la que pudo situar un café con leche y un bio-frutas.

- ¡Hey! – Devolvió Manolo con los labios húmedos del último sorbo y sujetando cerca de su boca aun el café.

Juan sólo hizo un ademán con la cabeza dejando claro que quedaba saludado, pues el líquido de aquel zumo frío pero sin hielo aun invadía su cavidad bucal, haciendo estragos en sus febriles dientes.

Antonio fue a pedir una CocaCola, en cuatro gestos del camarero la tuvo servida delante de él, - ¡con un hielo por favor, que se agua! -, Luís, el camarero, echó el que sobraba al fregadero con cara del que hace las cosas porque si, y sin más Antonio se fue a sentar a la mesa.

Una vez reunidos los tres cara a cara parecía que ya todo había quedado dicho, el ambiente parecía inundado de cierto gas que sonaba a la canción “señor Troncoso” de Triana. Nadie se atrevía a romper ese muro de cara gris que era el silencio. Un pirurí-pirurí proveniente de la máquina “bingo bola-master” fue el detonante.

- ¿Qué habéis hecho hoy? – Musitó Juan, con la mirada fija en el dibujo impreciso de tonos marrón y negro que se dibujaba en el tablero circular de la mesa, daba la impresión de que allí buscaba la imagen en 3-D que daba respuesta a las incertidumbres que le deparaba su vida.

- Yo no he ido a currar hoy, con la que ha caído… cualquiera. – Soltó Antonio como si se tratase de una frase estereotipada procedente de un asistente informático. – He estado todo el día enganchado a la play… Me he levantado a las diez y media, bueno… me desperté a las siete menos cuarto pero como llovía…- Sentenció, dejando lo demás por venir.

- Yo he estado en Sevilla en el tuto… ¡nah!, como siempre. Me he escaqueado dos horas y me he tirado para el centro en el autobús a dar una vuelta… No veas los pedazos de tías… ¡uff! - Largó de un tirón Manolo, como el que vomita una cena de ensaladilla después de una noche de juerga.

Mientras se desarrollaba esta escena, uno miraba el fondo de su vaso vacío, otro se despistaba con el ir y venir de la gente, el ruido de la televisión o el que hacían las maquinas de recreativos. Al terminar de contar su batallita Manolo se levantó, fue a la barra y pidió más bebida para él y los demás. La acercó a la mesa junto con el aperitivo que le había suministrado Luís y echándose la mano al bolsillo sacó una moneda de euro y la vertió, como el que tira una moneda a la fuente de Los Leones para pedir un deseo, en la máquina del bingo. El resto de la camarilla se acercó cuando el imán de la música precedente al lanzamiento de la bola se activó y así, como zombis, al unísono balbucearon – a ver si hay suerte, y nos pegamos una fiesta, jejeje… - “Una fiesta” equivalía a tomarse una o dos cervezas más. No había nada de contenido en sus frases. Todo se soltaba como la reacción instintiva, estímulo-respuesta. Nada elaborado, nada. Como era de esperar, cuando terminó Manolo, le sucedieron en turno los otros dos. Esta disputa terminó con el siguiente resultado: Recreativos Franco 3, Unión de Jóvenes Muertos en Vida 0, así que un 1 para la quiniela. Acto seguido con un ¡Hasta mañana! y un gesto de mano de los tres al estilo del video clip de la canción “sharp dressed man” de ZZ Top, abandonaron el local en silencio sepulcral excepto en la despedida, cada mochuelo a su olivo. Eran las nueve y media de la noche.

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Febrero, una batalla. Jueves. El soldado-día asoma su cabeza por encima de la trinchera, seguramente sea abatido por ráfagas de minutos y bombas de horas, pero nuevos soldados-día acudirán en su ayuda ignorantes de su suerte. La guerra para éste fue así:

Juan despertó sofocado y sudoroso, había tenido una pesadilla, soñaba que estaba en Irak, en la guerra, con un sub-fusil en las manos y un casco en la cabeza. Soldados mutilados proferían alaridos a su alrededor, niños y niñas huérfanas sollozaban abrazadas a los cadáveres de sus familiares. Bombas, alarmas y destrucción. Eran las cinco y veintisiete minutos de la madrugada, se levantó, tomó un vaso de agua del grifo, orinó y se volvió a la cama, tenía fiebre. Puso el radio que tenía en la mesita de noche y escuchó las noticias, no se diferenciaban en mucho de su sueño. Volvió a dormir.

Por la mañana se quedó en casa, en cama y mientras permanecía allí cogió un libro, era uno que llevaba cierto tiempo en la librería de su cuarto, pero que no cogía desde bachillerato para un trabajo de historia, se llamaba “Documentos de historia del mundo contemporáneo”, un manual para investigadores de la historia, y allí se quedó leyendo el capítulo de la revolución de octubre en Rusia. ¿Por qué ese tema? Pues porque era un tema que siempre le había llamado la atención sin saber muy bien por que, explotados y explotadores en una contienda, interesante ¿no? Además después de aquel sueño de guerra un tema así le ayudaba a comprender porque la gente llega a esas cotas de violencia.

Examinó recortes de periódicos, panfletos y otros escritos ahí recopilados. Tan fascinado estaba por aquello que leía que no se levantó hasta que su madre le interrumpió, con un grito seco afinado por años de práctica para llamar a los componentes de la familia a la mesa.

Turbado, sin saber muy bien cuanto tiempo había pasado leyendo, se puso en pié, se desperezó y después de calzarse se encaminó a almorzar. En aquella casa se hablaba algo más que en casa de Antonio, el padre y la madre siempre habían sido muy conversadores entre ellos y eso hizo que sus retoños lo tomasen como costumbre. Durante la comida Juan habló sobre como se encontraba la noche anterior, su pesadilla y un poco, lo que había leído aquella mañana. Sus padres simplemente se alegraban de verle tan entusiasmado y de que ya no tenía fiebre, sin embargo su hermano le escuchaba con atención. Éste era un mozalbete de dieciséis años llamado Fernando, que cursaba cuarto de ESO, despierto, vivaz y muy aplicado en sus estudios. Con gesto de atención y voz perspicaz soltó una pregunta a su hermano, que era bastante buena por cierto, - Siendo las dos guerras en sí, ¿Qué diferencia hay entre lo que pasaba en Rusia y lo que pasa en Irak?- Juan vaciló un instante y tuvo que admitir al cabo de un rato de darle vueltas al seso que no sabía muy bien cual eran las causas de una y otra, así que le dijo que ya lo buscaría y se lo diría.

Juan se conectó a Internet y se puso a buscar información sobre estos históricos acontecimientos, además inició la sesión en el Messenger y habló para quedar y hablar con sus amigos en el banco del quiosco azul a las seis, al igual que el día anterior. Después le contó a su hermano que la guerra de Irak estaba basada en intereses capitalistas, de expansión imperialista y apropiación de recursos como el petróleo para las grandes empresas, además del territorio, estratégico en sí. La de Rusia sin embargo era una guerra, más bien una revolución, propiciada por las condiciones que tenían los trabajadores de aquellos entonces, y su necesidad de derrocar a la burguesía para tomar el control de los medios de producción, lo que quiere decir que querían adueñarse de las fábricas, campos y maquinarias, pero no para unos pocos sino para el interés de la clase obrera en general, es decir, querían nacionalizarlos. Entre otras cosas aquello sacó como conclusión.

Se vistió, y cogió dinero para algunas chucherías y algo de bebida y se fue al banco en el que habían quedado. Éste estaba al lado del quiosco que había en la esquina de la calle de atrás. Allí llegaron Manolo y Antonio al cabo del rato, para entonces Juan ya tenía en su poder un paquete de Pasaratos, una lata de Fanta y un montón de preguntas e ideas en la cabeza.

- ¿Cómo estáis? – Preguntó para romper el hielo, y casi evitando la respuesta de los otros dos continuó – Anoche tuve una pesadilla que te cagas. Pues no que soñé que estaba en la guerra esa de Irak. Joder, después me desperté sudado perdido y con una fiebre que lo flipas. Así que me he quedado en mi casa, y ni he ido a la facultad ni nada. – Antonio y Manolo miraban a Juan como diciendo ¿qué le pasa a éste? - ¿Pero ya estas bien? – Preguntó Manolo esperando que le respondiese afirmativamente y así fue. – Bueno y ¿qué has hecho entonces esta mañana?, todo el día enganchado ¿no? – profirió Antonio - Eso quería deciros, Me cogí un libro de historia y me puse leer sobre cosas de guerras, tú sabe… Pero de Rusia. No veas los notas la que liaron. Todo para recuperar su dignidad como trabajadores. – Sus amigos asistían desconcertados a las palabras que oían. Pero una casualidad del destino quiso que Manolo soltase aquello, algo que, ignorantes, cambiaría su forma de ver y entender las cosas. – Pues ayer o el otro vi un cartel en Sevilla por el centro de una charla sobre la crisis de la guerra o no se que, en Irak. Lo que pasa es que no le he echado mucha cuenta. – Juan lleno de curiosidad dijo – Yo en verdad también he visto cosillas en la facultad, pero nunca me he fijado en esas cosas, no se ¿Y cuando es esa charla? – Alzando su voz en la pregunta y cortando a Antonio que ausente de la conversación comentó – Yo, bueno en verdad me voy a ir, que me e dejado el San Andreas en una fase to guapa cuando me vine antes y yo, es que en verdad esto de la política no me gusta mucho – Así, abandonó el negro banco de hierro forjado situado a la derecha del quiosco azul, que tantas veces había oído conversaciones y conversaciones y nunca una antes se acercó ni mucho menos, a esta que ese día de jueves tenían. – Éste esta to rayao – murmuró Manolo y respondiendo a la pregunta de Juan añadió – No se cuando es en realidad, pero si eso mañana me fijo y te lo digo. – completó – No hace falta, déjalo, mira yo mañana voy a clase, esta tarde me encuentro bien de la fiebre, y ya miro por los pasillos del rectorado que seguro que hay carteles. – Vale, venga. – inquirió Manolo, a lo que Juan - ¿Si es el finde te vas a venir? – Y pensándolo un poco aceptó, con la condición de que se irían temprano para tomarse algo por allí, ya que ese día no trabajaba.

Era la hora de cenar, y con un apretón de manos cada uno siguió el camino a sus domicilios. Seguro que aquel encuentro daría mucho de sí, pues era uno en el cual se dejaba un margen de acción, una continuación para algo, y no uno de aquellos pasados en los que, como en algunas series televisivas, cada capítulo o día era una historia diferente.

Ya estaba Juan en su casa, cuando Fernando se le acercó y empezó a comentarle algunas cosas que había buscado y leído mientras Juan estaba fuera, sobre la revolución rusa. Por ejemplo, que el nuevo gobierno había suprimido todas las clases sociales, que el país estaba gobernado por los soviets, que eran elegidos por los trabajadores en el mismo lugar de trabajo, los burgueses quedaban privados de derechos y de poder político, o que Stalin había traicionado ésta más tarde, cuando murió Lenin, porque el pensaba en que la revolución sólo debía darse en un solo país y eso no podía ser porque una revolución obrera debe ser universal.

Juan quedó asombrado por todo aquello que le decía su hermano y le comentó que al día siguiente iba a mirar que día se celebraría la charla sobre la guerra de Irak y que si quería ir con él. Fernando asintió rotundamente, incluso dando más signos de interés que el propio Juan. Eran las once cuando terminaron de cenar y Juan después de un breve rato de relax en el curtido tresillo, decidió irse al catre.

Aquel soldado-día apareció muerto a las doce de la noche en la cornisa de un edificio a medio hundir mientras efectuaba una tarea de vigilancia, abatido su corazón por las ansias que le reportaba la misión en si. DEP.

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Brillaba el Sol apareciendo por el Este entre unas esponjosas nubes de curvadas líneas, los pájaros trinaban y las gotas de rocío daban un matiz de viveza a las plantas que crecían por los alrededores. Era un día digno de una bucólica estampa. Corrían las ocho y media de la mañana. Esto es lo que podían ver Manolo y Juan por la ventana del tren que les llevaba a la capital de la provincia, cada uno a sus menesteres como estudiantes. Conversaban con otros colegas del pueblo sobre fútbol y otras pasiones. Éste, el fútbol no fue nunca un tema que entusiasmara demasiado a Manolo pero simplemente se conformaba con ir entretenido durante el camino. De lo que si hablaban todos con gran exaltación, era sobre las tias, cuestión que interesaba siempre a chicos de cualquier parte y condición del mundo. Entre tanto llegando a San bernardo Juan se despidió diciéndole a Manolo que ya se informaría sobre eso y que esta tarde en el Chat le comentaría. Las puertas del tren se abrieron con un estornudo y un río humano y gris se agolpó al pie de las escaleras mecanizadas que les llevarían hacia la luz. Quédose el tren más tranquilo en ese punto y a los dos minutos Manolo podía encaminarse por sus propios medios al Heliópolis.

Seis y poco de la tarde. En la barra del menú de tareas de Juan empiezan su baile de colores los simétricos muñequitos que conforman el logotipo del MSN. En la parte inferior derecha de la pantalla de Manolo un cartel anuncia: “X la mañana amanece la vida y una ilusión… Ha iniciado la sesión”. Era Juan.

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: Hola ¿cómo tamos?

Dsd q t ví no puedo dormir. Dice: amoo!! Na aki liaos exando el rato

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: ya e mirao eso es el sabado a las 7 en el centro cívico las sirenas, en la alameda.

Dsd q t ví no puedo dormir. Dice: eah po nos kojemos le tren de las 4 menos cuarto no?

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: de arte. Y ns tomamos por alli unas cervecitas J. Illo tu q vas a acer esta noche??

Dsd q t ví no puedo dormir. Dice: no se, xq? Tu ke kieres hacer??

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: Ns llegamos al nodo un rato cn esta gente?

Dsd q t ví no puedo dormir. Dice: Enga, a q ora??

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: a las 11, ahh si se conecta el Antonio lo avisas que yo ya me voi a kitar, voy a ver q ago x ai.

Dsd q t ví no puedo dormir. Dice: ok. Ns vemos en tu casa a las 11 ya aviso yo a ste. Adeu mostro

X la mañana amanece la vida y una ilusión…Dice: enga killo ns vemos.

Acto seguido el verdoso monigote se tornó gris y sin vida.

Juan aun se estaba terminando de peinar cuando sonó el timbre y como no había nadie en casa se tuvo que lavar las manos de la gomina e ir a abrir la puerta el mismo, les sirvió unos botellines y se terminó de maquear. A las once y media aparecieron los tres por la puerta del Garfio. Había bastante gente para ser viernes. Se dirigieron hacia Eli que estaba sirviendo en la barra y pidieron dos botellines y un Jim Beam con CocaCola. Cuando los tenían en sus manos se encaminaron al fondo, donde se situaba el resto del grupo, unas en una mesa, y otros en el futbolín. Después de saludarlos a todos, Antonio se acercó a echar una partidita con los ajetreados chicos. Juan y Manolo continuaron hablando un poco sobre lo del día anterior, Juan le dijo lo que su hermano le había contado la pasada noche. A Manolo aquellas palabras lo seducieron de tal manera que sintió unas ganas enormes de ir ya a la dichosa charla. Juan a ver a su amigo así y con el efecto de los “zumos” que llevaba en el cuerpo se animó bastante y empezó a cantar La Internacional, canción que había buscado en Internet aquella tarde. Manolo no sabía de que era, pero le gustó la letra. Después de echar unas risas entre amigos nuestros amigos abandonaron la escena para irse a descansar, llevaban despiertos desde las siete y media de la mañana y corrían ya las cuatro de la madrugada.

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miércoles, 1 de abril de 2009

Extracto Celebrity (Woody Allen)


Nola

Yo te aviso sinceramente porque

no me conoces.


Lee Simon

Si que te conozco, porque ya he

escrito sobre ti dos veces. Fuiste

el oscuro objeto del deseo en

libros que yo he escrito… En fin,

te conozco de arriba abajo.


Nola

No, no te confundas. Tú no me

inventaste.


Lee Simon

Si, pero te aseguro que cualquier

inquietud que puedas haber tenido,

cualquier inestabilidad o reacción

repentina con la que hallas roto

corazones… bueno, tu eres una rompe

corazones cariño.

Todo eso ha acabado esta noche.


Nola

¿Qué te hace estar tan seguro?

¿O estás asustado?


Lee Simon

…Yo te cree dos veces en mi

imaginación, para la ficción.

Escribí sobre ti aun antes de saber

que existías, aunque un día supe

que llegaría a conocerte.


Nola

¿Y qué pienso ahora?


Lee Simon

Ahora piensas “ojala se callara

de una vez y me besara”.


Nola

Llegas tarde.


Lee Simon

No llego tarde. No… es el momento

perfecto para ti.

Aunque ¿por qué besarte aquí si

tu apartamento está a dos manzanas?


Nola

¿Y cómo lo sabes?


Lee Simon

Cómo no voy a saber donde vives,

fuiste Stephy en mi primer libro

y Lois en el segundo y ahora eres Nola…


Suena: I´m comin´ to Virginia (Eddie Condon)

jueves, 11 de diciembre de 2008

D.E.P. Alexander Grigoropulos

When I was young those stories took me in
Of G.I.Joe the comic macho man
They mean murder they mean murder
Disguised as fairytales
The hero never fails
They mean murder they mean murder
They wave their flags
They play their anthems loud
Teach men to kill then teach them to be proud
They mean murder they mean murder
The ticker tape parade
Hides all the waste they made
They mean murder they mean murder
When governments find that they can't agree
They settle differences so easily
They mean murder they mean murder
Hysteria has spread
And it's you who ends up dead
They mean murder they mean murder
Turn men into machines
Disguise the truth with dreams
They mean murder they mean murder

Cock Sparrer - They mean murder

miércoles, 13 de agosto de 2008

Zelig. ZeLiG. ZeliG.


... Zelig lleva una existencia inexstente. Carente de personalidad y perdidos sus atributos humanos en la vorágine de la vida, Zelig se sienta, solo, mirando fijamente al vacío, un cero a la izquierda o un fenómeno de la naturaleza. Él, que no quería sino tener pareja, pertenecer a alguien, ser ignorado por sus enemigos y ser amado. Ni tiene pareja, ni pertenece a nadie, sus enemigos le vigilan y nadie se preocupa por él.

Woody Allen - Zelig

Deformación sistemática



MAX

Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

DON LATINO

¡Estás completamente curda!

MAX

Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trájico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO

¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX

España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO

¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX

Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO

Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

MAX

Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO

¿Y dónde está el espejo?

MAX

En el fondo del vaso.

DON LATINO

¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

MAX

Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

DON LATINO

Nos mudaremos al callejón del Gato.

Ramón del Valle-Inclán - Luces de bohemia

miércoles, 16 de julio de 2008

Una tarde (con dos salmones) en Noruega


(En una cascada, un oso anda cerca).

Thor: Que situación tan paradójica Sanders, saber que debemos subir a contracorriente una cascada (hace un ademán), ¡para luego morir allí…! ¡No tiene sentido! ¡No lo tiene! (Exaltado)
Sanders: Es lo que manda la tradición. (Resignado).
Thor: La tradición, la tradición (Farfullando). Desde luego que ahora me es más fácil comprender a Niezstche.
Sanders: (Ríe) La verdad es que nunca su teoría del eterno retorno tomó tanta fuerza.
Thor: Aquí me hubiese gustado haberle visto a él… y por si fuera poco si la suerte no está de nuestro lado, pasamos a ser almuerzo para osos. ¡¿Se puede ir más a contracorriente?!
Sanders: No me hables de ir a contracorriente…
Thor: ¿Y eso?
Sanders: Hace unos años en el mar, conocí a un atún que se metió con una botella de cianuro en una lata de conservas que estaba dirigida a España, pensando que llegaría al Palacio del Pardo. Quería acabar con Franco. ¡Eso es ir a contracorriente! (Orgulloso).
Thor: Querrás decir que tu amigo el atún, que denoto sería un atún rojo, iba contra sistema.
Sanders: Contra corriente del sistema. Afirmo.
Thor: Pero no lo consiguió.
Sanders: No, fue a parar a la fábrica de yogures “Yoplait”, como comida para el personal y debido a la muerte de sus empleados tuvieron que cerrarla. Esa fue la verdadera causa del cierre.
Thor: Tss ¡Mala espina! Bueno… ¡Ya nos queda menos!
Sanders: Al fin… ¡Cuidado con esa verdina, no resbales!
(Cae el telón)