lunes, 30 de junio de 2008

Publicidad



“La furgoneta se situó en medio de la calle y permaneció silenciosa durante unos minutos. Luego se oyó un crujido en el altavoz y un vozarrón cantó: ¡Congeladores Feckle! ¡Congeladores Feckle! ¡Tiene usted que tener un congelador Feckle! Feckle, Feckle, Feckle, Feckle, Feckle, Feckle…”

Frederik pohl - El túnel por debajo del mundo.

¿Cuántos comerciales nos tragamos cada día? A veces alguien me comenta que le duelen los pies o que necesita algo que acabe con la suciedad de los azulejos y casi sin darme cuenta, inconscientemente, le suelto –Pues el producto tal es muy bueno para los azulejos-. Luego vuelvo en mí y sigo la conversación como si nada. Como si un automatismo implantado en mi cerebro se encargara de proferir aquellas palabras. Da miedo la publicidad con sus métodos y más miedo aún tener que aguantarla por todos lados y a todas horas.

El otro día un gitano en su furgón pasó por las calles de mi pueblo vendiendo ajos. “¡Ajos manchegos! ¡De los que duran todo el año! ¡Ya está aquí el camión de todos los años, el camión de los ajos! ¡El ajo gordo, el ajo rubio! ¡Como le gustan a usted! ¡Salga sin miedo señora!...” ¿Salga sin miedo? Salga sin miedo, ¡eso dijo! Cuanto da que pensar… Acaso que su anuncio no tenía ni trampa ni cartón, o que su producto era como prometía, o tal vez esas palabras pretendían devolver la confianza a una etnia machacada por la (in)cultura popular. No lo sé ¡Compren ajos!

Recuerdos


Esa melodía, esa melodía… ¿por qué tendrá que sonar siempre esa maldita melodía?, siguiéndome a todas partes, resonando en mi cabeza sin darme tregua jamás. ¿Has deseado alguna vez olvidar algo? ¿Has deseado arrancar de tu memoria un recuerdo que no consigues borrar? No puedes ¿sabes?, por más que te esfuerces. Podrías cambiar de escenario, pero tarde o temprano olerás un perfume, alguien dirá una determinada frase o tarareará algo y ahí estará otra vez.”

De la película “Detour” – Dir. Edgar G. Ulmer

¿A quién de ustedes no le sirven estas palabras? A mí al menos si que me valen. Por desgracia…

La lista de cosas que me recuerdan lo que quiero olvidar es muy larga, más larga aún de las que hacen que olvide algo que no quiero olvidar y la verdad, no merece la pena hacer inventario, aunque la absurda idea me ronde la cabeza. Tendría un catalogo por escrito de todo lo que hace que se me vengan a la cabeza estas cosas y no me hace falta, ya me basto sólo con mi cabeza. Al fin y al cabo no se me van a olvidar, todo apunta a ello…

Sin embargo lo que si quieres recordar se suele olvidar: la lista de la compra, un examen, un recado… Va a ver que hacer como si no quisieras recordarlo para que no se te olvide. ¡Cuan asquerosamente paradójico resulta!

¿Tender a subir, o subir a tender?


Son las 4:38 a.m. No puedo conciliar el sueño, un resquemor me atormenta. Sin más datos que ofrecer al lector para que se sitúe, paso a detallar los hechos concretos.
Cursaba yo en aquella época, primero de bachillerato. Me encontraba inmiscuido en otra soporífera clase de matemáticas, sentado junto a una compañera llamada B. B. era el prototipo perfecto de chica normal y corriente, para que tengáis una idea más concreta, dad una vuelta por cualquier centro comercial y observad a las chicas de diecisiete años.
El profesor explicaba la lección a viva voz. Una lección que yo, debido al estado en que me encontraba no pude sino atribuir a una especie de pret a porter de los números. Que si la x tiende a 0 (cero), que si el 0 (cero) tiende a 1 (uno), etc. como si fuese una moda… como si tender a 0 (cero) fuese como ponerse un vestido de uno u otro color. Sólo que una moda que no ha cambiado en siglos. El caso, y a lo que me quiero referir con todo esto, es que el profesor dijo que el 1 (uno), tendía a infinito. Yo, con un conocimiento en matemáticas que escasamente supera la rima ♪ dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis… ♫, intenté concebir el infinito, pero a lo máximo que llegué fue a enredarme en la faja de mi vecina la gorda, así que por lo bajini le comenté a B. que si yo no era capaz de concebir el infinito ya que poseía una mente limitada, como iba a ser capaz de comprender la lección. A lo que ella, ni corta ni perezosa, me dedicó el gesto más ilustrativo (...). Lo único que hizo fue coger su lápiz y dibujar esto: “∞”, en la esquina inferior de mi libro, a la vez que decía “¿Cómo no vas a saber lo que es infinito? Infinito es esto”. Yo no pude evitar acrecentar aun más mi incertidumbre que tomaba ya ciertos designios dramáticos, a la vez que un sudor frío empapaba mi espalda y se me nublaba la visión.
Ahora me explico como a Hitler le fue tan fácil persuadir a las masas, dijo algo así como: “Aquí tenéis al causante de todos los males de la sociedad. El Judío”. Entonces la insensata multitud, entre una mezcla de asombro y frustración profirió estruendosa “¡¡¡Oooohhh!!!”, allanándole el resto del camino dictador. Éste había reunido toda la calamidad y el mal hacer de la humanidad en un icono, en este caso el pueblo judío, que podrían haber sido perfectamente los tailandeses, los esquimales o los cubos de plástico, que nadie hubiese rechistado y le endosó todo aquel significado y, por qué no, responsabilidad. Igual que los primeros matemáticos atribuyeron el concepto del nada más y nada menos infinito, a un ocho borracho. Causando toda una suerte, no ya de malos entendidos, sino de satisfacción a los ávidos de respuestas fáciles y de escaso contenido, como mi ex-compañera B. Lo mejor fue que al final de curso ella aprobó matemáticas, con buena nota además y yo...

lunes, 23 de junio de 2008

La baronesa de AuChan tiene hormigas en su cocina


(El escenario dividido en dos, a un lado las hormigas y al otro el mueble a tamaño natural) (En una cocina señorial, dos hormigas con leotardos)(De fondo suena “Carmina Burana”).

Pierre: ¡Qué fuerza! ¡Qué esplendor!

Lucas: ¡Qué majestuosidad de coro!

Pierre: ¡Y esas cuerdas!

Lucas: ¡Y esos vientos!

Pierre: ¡Acompañados de semejante percusión!

Lucas: ¡Qué deleite para los oídos!

Pierre: ¡Qué maravilla de canción!

(Un mayordomo aparece en la mitad a tamaño natural y vierte DDT al ritmo de la música sobre las hormigas, que paran de recitar, las hormigas miran hacia arriba. En la otra mitad empieza a caer humo de arriba).

Lucas: ¡¿Qué es esto!? (Tose).

Pierre: ¡No puedo respirar! (Tose).

Lucas: ¡Se cierra mi garganta! (Tose).

Pierre: ¡Creo que voy a expirar! (Tose).

A dúo: ¡Mon dieu! ¡No pensábamos molestar!

(La pareja de hormigas cae muerta). (Cae el telón).

¿Puede el búho entonar su canto al alba?


Había una vez un búho muy sabio,

de grandes ojos que todo lo veían

y orejas puntiagudas

que al tanto de todo estaban.

Cuál sería su prestigio en el bosque,

que acudían de todos sus rincones

animales a preguntarle.

Sabía de leyes, de pasiones

de filosofía, política,

historia, botánica,

y muchas bonitas canciones.

Pero un gallo de gran cresta

y de mucho farfullar,

un buen día le fue a preguntar.

Querido búho sabio

¿Cómo sonaría tu canto

cuando al hombre afanoso

le toque despertar?

El búho sabio notó la trampa

y se apresuró a contestar:

Buen gallo lo podríamos comprobar.

El gallo aceptó encantado,

riendo por detrás.

Esa noche el búho salió

como tenía costumbre

y por la mañana no fue a cantar.

El gallo de él se desternillaba,

pues su duda no pudo contestar

y los demás no comprendían

como él lo podía tolerar.

Tiempo al tiempo, amigos

ya lo comprenderán.

Los humanos disgustados

ya que aquel día no pudieron laborar

buscaron responsable y hallaron

al gallo tras de un pajar.

Su cabeza cortaron, desplumaron

aviaron y cocinaron.

Así el búho, a los animales respondió:

Haz lo que te corresponde,

ni repliques tu labor,

no intentes endosar a otro

lo que para ti no es afición,

si no, conocerás la cocina,

y de la olla su interior.

Nuevas tecnologías


Ahora que definitivamente se han implantado las nuevas tecnologías en nuestras vidas, veo como por ejemplo el móvil juega un papel fundamental. Otros son el mp3, el PC portátil, el GPS, el plasma, la play… La cosa es así, pongamos por caso, en una relación de pareja, el móvil puede ser objeto de disputa, por ejemplo en el caso de que uno de ellos mire el celular de la otra y vea, en este caso, cierta llamada realizada a alguien. En muchas ocasiones sólo será un mal entendido fruto de los celos. La cosa se complica en el caso de que sea un sms. Dice mi abuela: Antes esto no pasaba… Ahora es norma primordial no mirar el teléfono móvil de tu pareja. Cierto es que intervienen más factores a la hora de que en una pareja se desate la inestabilidad, por ejemplo, digamos, el olor de los pies del cónyuge, o los ronquidos del otro.

A ver, según últimos estudios, a la hora de establecer nuevas amistades las personas se fijan entre otras superficialidades, en el móvil. Es curioso, esta tesis se confirma únicamente en personas que han nacido ya con las nuevas tecnologías implantadas, no con los que hemos tenido que acostumbrarnos a ellas, al menos no con todos. También dice este estudio, que un móvil en la mayoría de los casos, refleja la personalidad de su propietario. Que si el fondo de pantalla, que si la carcasa, etc. Ahora me será más sencillo discernir sobre una persona si le resulta muy fácil perderse, sólo viendo si su móvil tiene GPS. Como dije en otro escrito “¿Dónde vamos?” ¿Dónde pretendemos llegar haciendo amigos sólo fijándonos en los aparatitos que posee, por no decir en la marca de la ropa que lleva o su peinado? Por valores ya sólo entendemos el conjunto de tabletas de chocolate de cierta marca.

Me temo que esta por llegar el día en que la gente, no salga de su casa sin tirarse por la ventana, o lo que es peor, tirarse a un pozo. Aunque la verdad no conozco grupos de amigos, de supuestos amigos, en lo que esa afición esté demasiado arraigada, a no ser que practiquen el Parkour, ese deporte de moda que consiste en ir superando obstáculos por las calles, tales como una valla, una zanja o un vertedero.

En definitiva, la era de la tecnología ha hecho acto de presencia, y que nos cojan confesados sino entendemos las siglas.

Suena: Pongamos que hablo de Madrid – Joaquín Sabina.

sábado, 21 de junio de 2008

Summer in Seville



Permanecer en una ciudad como Sevilla en verano, sin playa ni montaña, con el agravante de no tener medios económicos ni carné de conducir puede ser un suplicio, teniendo en cuenta que las temperaturas pueden alcanzar fácilmente los 50ºC. Así la cosa, las posibilidades en verano, en un verano asfixiante como es este, se reducen bastante para paliar el agobiante calor. Tengo conocimiento de una persona que se paso todo julio y la mitad de agosto tirado en el suelo de su apartamento con el ventilador apuntándole directamente a la cara. Otra posibilidad más divertida, a lo máximo que puede aspirar una persona en esta situación es a darse un baño con patito de goma y todo, pero teniendo en cuenta la sequía actual, si accedes a ello te enfrentes a un delito, así que como mucho te puedes dar una buena ducha.

Si creen ustedes que por la noche refrescará, que no es para tanto, es que nunca han estado aquí. Más de una noche he visto como los termómetros alcanzaban una cifra en grados superior a la treintena, con la consecuente incomodidad que representa para conciliar el sueño.

En fin, si vienen a Sevilla que sea en primavera, en verano esta cerrada por vacaciones (no pagadas).

La perspectiva histórica se desvanece


“…La perspectiva histórica se desvanece, los detalles anulan el conjunto, y las hormigas, sin dejar de ser hormigas, crecen y adquieren la proporción espantosa de seres humanos.”

Julio Camba – La ciudad automática.

Me siento vacío, insulso. Por mucho que mire y indague (le doy una oportunidad a la cacofonía), no veo la luz. La presión es fatal. Las costillas un freno… La agitada ciudad me distrae, su tráfico me cabrea, sus luces me embelesan y no se donde ir. Me duelen los pies. ¿Cuánto tiempo tendré que esperar?... La llama se agota y no recuerdo donde dejé el mechero. La rabia me ciega. La indigencia de la naturaleza social humana es deshumanizadora ¿o no? La tecnología es absurda, al menos para los que sólo podemos gastar en ella 20 €. ¿Dónde vamos? El tiempo, hacia un lugar del que nunca podrá regresar sin su disfraz alquilado de recuerdo, para recrearse en la nostalgia. La gente al hoyo. ¡Calumniador! - ¿Yo? No gracias, no fumo.

Las raíces están por fuera de la tierra. No hay agua. La parapsicología es la ciencia de la nueva era. La gente espectro no es de “este mundo”. El reloj, implacable, rema y rema sin cesar con el remo del segundero. Para mi no marca las horas, para mi incordia, coarta. Los animales siguen el curso de sus rutas migratorias hacia lugar seguro. La mano lerda del hombre ya no abarca más, no por cuestión de tamaño, sino debido a que no queda sitio, no hay lugar verdadero, libre. Las palabras son ríos de tinta de voz casi inaudible, las armas de destrucción masiva, globales. El mar un pañuelo para secar las lágrimas. El cielo un tapiz para imaginar. El universo ¿el universo? No se…

Suena: Miles Davis & John Coltrane – Bye bye blackbird.

Historia triste


¿Saben? Odio la soledad, odio la rutina, odio el abismo blanco que separa lo interesante de lo aburrido y a veces odio ambas cosas. Me gusta hacer lo que me gusta con alguien para compartirlo, - ¡Egoísta! Y la otra persona ¿qué? ¿Debe estar a tu disposición? – ¡Eah! Ya la he liado. ¿De qué me sirve hacer algo si no tengo a nadie con quien compartirlo, quitando claro está el progreso personal en cierta actividad? ¿Suena un árbol que se cae en medio del bosque cuando nadie hay para oírlo? Táchenme de idealista, pero qué quieren, yo al menos no he venido a esta vida para hacer las cosas sólo. Dicen que en el mundo hay seis mil millones de personas, ¿nadie hay disponible?

¡Que soledad tan grande!, vivimos en sociedades multitudinarias y sin embargo andamos solos. Siempre de arriba abajo y de abajo a arriba, trafico, bullicio, estrés, ¿Dónde vamos? La gente tiene miedo de la gente. Infundado eso si, nadie nace “sabiendo”, entre comillas ya que ese saber no es ni mucho menos un saber autentico, es un saber que sabes, pero que no es cierto. Historia triste. Restaurante familiar Sánchez. Especialidad de la casa: Vínculos afectivos. Ahí quedan, en familia y de milagro. Se suele decir que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de las manos y te sobran… ¿Dónde vamos?

Risas no siempre son risas


La risa es el leguaje universal, que diría el soñador. Muy bonito en apariencia, pero, ¿Qué interpretaremos cuando una hipócrita chica de rubios cabellos y pómulos rosados, nos dedique una curvatura de labios al llevarle la contraria o al no hacer nosotros lo que nos ordena? Con esto no quiero decir que las rubias sean tontas, típico tópico, sino ya veo como la A.A.R (Asociación Amigos de las Rubias) se me echa encima.

Lo único que pretendo decir es que una sonrisa puede ser de los gestos más bonitos de la naturaleza humana, o uno de los peores si no se ha hecho un uso adecuado de ella. Es como un arma de doble filo.

Personalmente he sentido el crujir de tripas en estos dos casos tan contrapuestos y por motivos que no lo son menos: En la época de vacas flacas de mi anterior relación, una sonrisa que provenía de cualquier parte excepto del corazón, era una botella partida de cristal que atravesaba mi abdomen. Por el contrario, la que dedica alguien que te ha correspondido con ese gesto, es el más saludable de los narcóticos.

En la sociedad del bienestar que atravesamos, cual tormenta en la mar, la sonrisa se ha convertido en el reflejo de un alma vacía, un gesto catatónico que es capaz de mantener el orden social imperante, sólo con el visionado de un film de Disney. Es penoso. Aquí podemos comprobar, como el mal uso del gesto puede ser fatídico. He visto apretar de gatillos de ametralladoras que han causado menos victimas, que las sonrisas de las sesiones de fotos de las playmates.

Ahora bien, a mi manera de ver las cosas, los que mejor uso indiscriminado hacen de las sonrisas son los bebes. Esos mocosos, cariñosamente se entiende, que al más mínimo gesto son capaces de cubrirte de las más dulces sonrisas y lo que es más importante es que son cándidas, sinceras, sin máscaras… ¡Ahí!, ahí se pueden ver más sonrisas verdaderas, que en toda una gala televisada de fin de año.