
¿Saben? Odio la soledad, odio la rutina, odio el abismo blanco que separa lo interesante de lo aburrido y a veces odio ambas cosas. Me gusta hacer lo que me gusta con alguien para compartirlo, - ¡Egoísta! Y la otra persona ¿qué? ¿Debe estar a tu disposición? – ¡Eah! Ya la he liado. ¿De qué me sirve hacer algo si no tengo a nadie con quien compartirlo, quitando claro está el progreso personal en cierta actividad? ¿Suena un árbol que se cae en medio del bosque cuando nadie hay para oírlo? Táchenme de idealista, pero qué quieren, yo al menos no he venido a esta vida para hacer las cosas sólo. Dicen que en el mundo hay seis mil millones de personas, ¿nadie hay disponible?
¡Que soledad tan grande!, vivimos en sociedades multitudinarias y sin embargo andamos solos. Siempre de arriba abajo y de abajo a arriba, trafico, bullicio, estrés, ¿Dónde vamos? La gente tiene miedo de la gente. Infundado eso si, nadie nace “sabiendo”, entre comillas ya que ese saber no es ni mucho menos un saber autentico, es un saber que sabes, pero que no es cierto. Historia triste. Restaurante familiar Sánchez. Especialidad de la casa: Vínculos afectivos. Ahí quedan, en familia y de milagro. Se suele decir que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de las manos y te sobran… ¿Dónde vamos?
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