
Son las 4:38 a.m. No puedo conciliar el sueño, un resquemor me atormenta. Sin más datos que ofrecer al lector para que se sitúe, paso a detallar los hechos concretos.
Cursaba yo en aquella época, primero de bachillerato. Me encontraba inmiscuido en otra soporífera clase de matemáticas, sentado junto a una compañera llamada B. B. era el prototipo perfecto de chica normal y corriente, para que tengáis una idea más concreta, dad una vuelta por cualquier centro comercial y observad a las chicas de diecisiete años.
El profesor explicaba la lección a viva voz. Una lección que yo, debido al estado en que me encontraba no pude sino atribuir a una especie de pret a porter de los números. Que si la x tiende a 0 (cero), que si el 0 (cero) tiende a 1 (uno), etc. como si fuese una moda… como si tender a 0 (cero) fuese como ponerse un vestido de uno u otro color. Sólo que una moda que no ha cambiado en siglos. El caso, y a lo que me quiero referir con todo esto, es que el profesor dijo que el 1 (uno), tendía a infinito. Yo, con un conocimiento en matemáticas que escasamente supera la rima ♪ dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis… ♫, intenté concebir el infinito, pero a lo máximo que llegué fue a enredarme en la faja de mi vecina la gorda, así que por lo bajini le comenté a B. que si yo no era capaz de concebir el infinito ya que poseía una mente limitada, como iba a ser capaz de comprender la lección. A lo que ella, ni corta ni perezosa, me dedicó el gesto más ilustrativo (...). Lo único que hizo fue coger su lápiz y dibujar esto: “∞”, en la esquina inferior de mi libro, a la vez que decía “¿Cómo no vas a saber lo que es infinito? Infinito es esto”. Yo no pude evitar acrecentar aun más mi incertidumbre que tomaba ya ciertos designios dramáticos, a la vez que un sudor frío empapaba mi espalda y se me nublaba la visión.
Ahora me explico como a Hitler le fue tan fácil persuadir a las masas, dijo algo así como: “Aquí tenéis al causante de todos los males de la sociedad. El Judío”. Entonces la insensata multitud, entre una mezcla de asombro y frustración profirió estruendosa “¡¡¡Oooohhh!!!”, allanándole el resto del camino dictador. Éste había reunido toda la calamidad y el mal hacer de la humanidad en un icono, en este caso el pueblo judío, que podrían haber sido perfectamente los tailandeses, los esquimales o los cubos de plástico, que nadie hubiese rechistado y le endosó todo aquel significado y, por qué no, responsabilidad. Igual que los primeros matemáticos atribuyeron el concepto del nada más y nada menos infinito, a un ocho borracho. Causando toda una suerte, no ya de malos entendidos, sino de satisfacción a los ávidos de respuestas fáciles y de escaso contenido, como mi ex-compañera B. Lo mejor fue que al final de curso ella aprobó matemáticas, con buena nota además y yo...
1 comentario:
No se puede culpar al signo en sí, a pesar de que el infinito no puede ser concebido, necesita un símbolo (como el segundo que no existe pero es "s"), lo que si es preocupante es que se acepten las cosas tal como vienen, sin plantearse uno siquiera que podria ser el infinito..., de incluso un poco de pena... .
P.D. Me encanta este relato
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