
(En una dehesa, dos cerdos con gafas de pasta)
Piggy: ¡Fuffi, desde aquí si que hay una buena perspectiva del paisaje! (Sobre un montículo).
Fuffi: Ya Piggy… Pero él empañado en pintar su cuadro desde la fachada anterior del caserío. (Comiendo una bellota).
Piggy: ¡El puede pintar su obra desde donde le plazca! (bajando), pero que no diga que lo que quiere conseguir es una amplia fuerza paisajística, y ponerse allí. (Señalando).
Fuffi: Esta claro. No se puede, no se puede (Negando con la cabeza). No hay… cromatismo.
Piggy: Además, esas pinceladas, ese elenco “coloríl”… Carece de integridad… ¡de estabilidad armónica! (Convencido).
Fuffi: No tiene vitalidad. (Comiendo una bellota).
Piggy: (Cortándolo) No, no la tiene. Porque fuese el mejor pintor de la hacienda Doña Elvira, no quiere decir que sea bueno. Aquí tenemos a Jacobo, un insigne maestro del pincel y no vamos alardeando por ahí que en el cortijo San Miguel duerme, con seguridad, el mejor pintor porcino del Viejo Continente.
Fuffi: Así es Piggy. Yo a él más lo veo como…como un caballero de la jactancia, pero no como un pintor, ni mucho menos. ¡Le falta escuela! (Piggy come una bellota).
Piggy: Eso es amigo mío, le falta escuela, le falta escuela… (Masticando).
(Cae la tarde). (Cae el telón).
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